Tu nombre, conviértelo en tu mantra de poder.

Hoy es el día de mi santo y quiero invitarte a hacer una reflexión acerca de tu nombre.

¿Hay algo más personal que tu nombre?  Tu nombre contiene tu vibración personal y resuena con “quien tú eres”.

Es nuestra primera seña de identidad. Cuando naces en este mundo, el primer sonido cargado intencionalmente es tu nombre. En ese momento te es entregado como un regalo.

Nuestro nombre dice mucho de nosotros, conocer todo lo posible acerca de nuestro nombre, nos ayuda a conocernos mejor y reconocer nuestra identidad.

¿Conoces la razón por la que eligieron tu nombre? Para poder estar en paz con él y habitarlo con comodidad es fundamental conocer el cómo, el quién y el porqué de la elección de tu nombre. 

Tanto si te gusta tu nombre como si no, siempre continuará siendo el regalo que te fue dado en el momento de tu nacimiento.

Para algunos el regalo no contiene ninguna programación y ofrece una vibración limpia y una oportunidad para empezar desde cero. Para otros, el regalo conlleva cierta vibración que es necesaria limpiar y sanar.

Seas o no practicante de yoga, seguro que alguna vez has adoptado la postura de unir tus dedos pulgares e índices (mudra) y pronunciar el sonido OM, indicando tu estado Zen o la necesidad de conectar con  algo más potente, que te ayude a no saltar a la primera de cambio.

Este sonido es un mantra, es una vibración que te ayuda a llegar a un estado de calma y si lo mantienes en el tiempo, alcanzarás un estado meditativo.

Esta vibración ayuda a la concentración y sobre todo nos ayuda a conectar con nuestro ser interior.

Desde el punto de vista etimológico un mantra es una herramienta de protección del espíritu: ¿se te ocurre una forma mejor de protegerte y conectar contigo que a través de tu nombre?

Tu nombre es tu mantra. Es uno de los caminos de tu viaje de vuelta a casa hacia el amor a ti mismo.

Te propongo un ejercicio diario que puedes hacer por la mañana mientras estás en el cuarto de baño.

Colócate enfrente del espejo y mírate a tus ojos reflejados en él. Intenta no juzgarte ni perderte en consideraciones negativas sobre tu reflejo.

Suaviza tu mirada y relaja tus músculos faciales. Enraiza tus pies firmemente en el suelo y conéctate con la tierra. Estabiliza conscientemente tu respiración equilibrando el ritmo de tu inspiración con el de tu espiración. Todo esto te mantendrá en el ahora, momento presente.

Cuando te sientas preparado empieza a cantarte con suavidad tu nombre y sigue cantándolo repetidamente, siempre delante del espejo y sin perder el contacto visual con tus ojos. Al principio, si te resulta demasiado difícil cantar tu nombre, puedes decirlo en voz alta alargando la última sílaba.

Continúa repitiéndolo y muy pronto encontrarás tu ritmo y melodía. Mírate dulcemente a los ojos permitiendo que surjan tus emociones, sean cuales sean, y déjalas que se alejen.

Puede que te sientas incómodo/a al principio. Relájate y recuerda que es un regalo para ti, una experiencia íntima y, con un poco de práctica, pronto disfrutaras de estos encuentros sagrados contigo mismo/a.

Bibliografía: ¡Libera tu voz, sana tu vida! De Michele Averdard


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