Y tú, ¿cómo te expresas habitualmente? El poder de la palabra

Conversaciones con Dios se ha convertido en mi libro de consulta diaria, y de él sale la propuesta del artículo de este mes.

Hoy quiero hablarte del poder de creación a través de la palabra.

 El secreto más profundo es que la vida no es un proceso de descubrimiento, sino un proceso de creación.

El pensamiento es el primer nivel de creación, y aquello que piensas pero no dices crea a un nivel.

A continuación viene la palabra. Todo lo que se dice es pensamiento expresado. Es creador, y emite energía creadora al universo.

Las palabras son más dinámicas (por lo tanto, algunas pueden ser más creadoras) que el pensamiento, puesto que las palabras constituyen un nivel de vibración distinto de el del pensamiento. Trastornan (cambian, alteran, afectan) al universo, causando un gran impacto.

Las palabras constituyen el segundo nivel de la creación. Aquello que piensas y dices crea a otro nivel.

Es por eso que hay que tener claro que si quieres algo, debes pedirlo. Parece evidente, pero en muchas ocasiones sucede lo contrario.

Ni siquiera nos esforzamos en pedir aquello que queremos, damos por supuesto que la otra persona tiene que saber lo que nosotros deseamos y si no lo adivina, nos enfadamos porque no sabe interpretar nuestros deseos.

Por otro lado nos enfocamos en decir aquello que no queremos y nos centramos en la queja, y es entonces cuando nuestro cerebro se enfoca precisamente en eso y olvida centrarse en lo que realmente queremos.

Neurológicamente, nuestro cerebro tiene mecanismos de funcionamiento muy claros, por ejemplo no entiende mensajes en negativo. Basta que te digan que No pienses en algo para que inmediatamente lo visualices.

Por lo tanto es cuestión de entrenamiento, cuando te sorprendas a ti mismo teniendo pensamientos negativos, piensa otra vez. Después, antes de pronunciar algo, analiza aquello que vas a decir, sé amable y siente que aquello que digas te lo estás diciendo a ti mismo.

Pide las cosas dando las gracias por adelantado, como si ya fuese una realidad en tu vida.

Y sobre todo, sé coherente, aquello que piensas, dices y haces, ya que se hace manifiesto en tu realidad.

“Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas nos valen por una”. Francisco de Quevedo.


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